Crítica al Zoo
El ambiente es depresivo. El sol y las risas de los niños que emocionados visitan las jaulas de los animales, no contrarrestan las caras largas de los monos que miran con resignación el movimiento apabullante que día a día traen los visitantes a sus enjauladas moradas.

Crítica al Zoo

El ambiente es depresivo. El sol y las risas de los niños que emocionados visitan las jaulas de los animales, no contrarrestan las caras largas de los monos que miran con resignación el movimiento apabullante que día a día traen los visitantes a sus enjauladas moradas.

Tags: Zoo crítica

Una visión de Tron
Para mi ver Tron fue una revelación. Si pudiera describir este film en una imagen sería como ver una gran yin yang taoísta. El argumento es un planteo clásico de una lucha entre dos fuerzas.   Es el conflicto interno del personaje principal (el actor Garrett Hedlund) en donde afronta sus propios miedos. Resuelve los problemas de una generación anterior, la de su padre, para luego ocuparse de sus propios asuntos en el mundo real. Lo virtual “la rejilla” es una proyección de lo mental, de la psiquis. El enemigo principal en la película, (interpretado por Jeff Bridges) es su propio némesis; es padre y rival a la vez y termina siendo una proyección de su ego dominante. Una versión negativa que él mismo ha creado y la cual el sólo puede destruir. Su liberación se da cuando afronta y supera a esa proyección ilusoria y se disipan en unión dentro de una realidad no existente.
Tron es una película que permite reflejar algo del propio estado mental. Es un espejo ante el observador que esta en la sala. Todo dispuesto con un argumento simple al entendimiento.

Una visión de Tron

Para mi ver Tron fue una revelación. Si pudiera describir este film en una imagen sería como ver una gran yin yang taoísta.

El argumento es un planteo clásico de una lucha entre dos fuerzas. Es el conflicto interno del personaje principal (el actor Garrett Hedlund) en donde afronta sus propios miedos. Resuelve los problemas de una generación anterior, la de su padre, para luego ocuparse de sus propios asuntos en el mundo real.

Lo virtual “la rejilla” es una proyección de lo mental, de la psiquis. El enemigo principal en la película, (interpretado por Jeff Bridges) es su propio némesis; es padre y rival a la vez y termina siendo una proyección de su ego dominante. Una versión negativa que él mismo ha creado y la cual el sólo puede destruir. Su liberación se da cuando afronta y supera a esa proyección ilusoria y se disipan en unión dentro de una realidad no existente.

Tron es una película que permite reflejar algo del propio estado mental. Es un espejo ante el observador que esta en la sala. Todo dispuesto con un argumento simple al entendimiento.

Tags: Tron

La monje budista pionera del periodismo de rock #perfil
 Una confesión en el tercer encuentro en un café. En un principio las conversaciones eran sobre espiritualidad, tras la revelación, ahora también las palabras vibrarían con un toque de rock and roll.
 Susana Contreras o Thubten Kundrol como se llama espiritualmente y que en tibetano significa: la capacidad de ayudar a otros mediante las enseñanzas de Buda. Es pionera del periodismo de rock en la Argentina, además de ser la única monje budista en el país del linaje espiritual al que pertenece el Dalai Lama.
 “Hay que dejar los zapatos en la entrada”, advierte César, uno de sus estudiantes y discípulos. Cantos tibetanos ambientan la sala de meditación. En frente a una de las paredes hay una mesa principal donde descansa una estatuilla dorada de un buda. “Buda es el iluminado”, explica Kundrol con un leve tono foráneo.
 Los estudiantes ocupan la sala sentados sobre delicados cojines dispuestos sobre el piso. Kundrol, siempre con una sonrisa, se sitúa frente a ellos. Lleva puesta una túnica de color violeta, unas cuentas tibetanas y como la mayoría de las monjas budistas como símbolo de renuncia, no lleva el pelo largo. De hecho, su cabeza es totalmente rapada. “Algunos presienten que tengo algo de oriente, me respetan, escuchan los pocos consejos que les puedo dar… en la calle pueden haber agresiones, lo que me molesta, porque preferiría andar vestida de monja que es lo que me gusta. Sino, pueden decir que soy lesbiana o enferma de cáncer”, su look, explica, es una forma de mostrar que renunció a una vida laica.
 Saca unos fascículos de Rock Superstar. Hace las cuentas y asegura que entró a trabajar en la revista desde enero del 78. La mayoría de los volúmenes están deteriorados después de una inundación que sufrió en su casa. En las páginas de la sexta edición de mayo del mismo año, hay un artículo de León Giéco firmado por ella sobre su gira por Latinoamérica. Así por cada número leído, hay cada vez más firmas que la señalan como una de las pioneras en el periodismo de Rock.
 Ser monja es renunciar a la familia y la cual, por motivos personales, prefiere no hablar del tema. Lo omite con la discreción que brinda el silencio y que obtuvo a través de los años con la práctica budista. Ser monja también, es dejar a un lado los romances, la búsqueda de poder y la ambición. Pero asevera no tener el problema de la satisfacción de los sentidos y eso le crea felicidad porque no tiene que estar pendiente de ellos, dice sentirse libre.
 Tras tres largos om y los ojos abiertos, los estudiantes se disponen a hacer un mudra o postura con las manos, ellos van formando paso a paso una flor de loto que, algunos con dificultad, la van dejando reposar sobre su estomago, mientras Tiki el gato de la maestra ronronea y se pasea por la sala. Tiki fue un regalo, también fue su única compañía cuando se encontraba sola en Mendoza tratando de cumplir el sueño que la habría traído de vuelta a occidente; un monasterio budista de meditación, y que, por el robo de los materiales que dejó mientras hacía un viaje a Buenos Aires, le ha tocado nuevamente empezar desde la nada. “Estoy en cero”, afirma Kundrol o Ven, como la llaman cariñosamente quienes la conocen.
 Por ahora además del monasterio que anhela construir en el interior y el manejo de su centro de meditación en Capital, también desea traer nuevamente las reliquias -con más de 2500 años de antigüedad- del primer iluminado o Buda para el 2011 a Buenos Aires, y que ya han residido también en otras ciudades de América Latina como Bogotá o Santiago de Chile. “También se podría interpretar que en el universo no hay casualidades, todo sucede por algo. Quizás es una oportunidad para nosotros participar en la formación de los proyectos. A veces se pierde la idea de resolver cuestiones prácticas, pero Kundrol siempre hace un auto análisis y genera una revolución en su interior para ponerse a la altura de las circunstancias”, explica César, uno de sus alumnos que practica el budismo hace cinco meses con ella.
 Desde niña, tuvo una aspiración muy grande de ser religiosa. “Encontré una hoja de una monja francesa en el piso y eso me identificó un poco, no encontré en Argentina el budismo pero si la vida de San Francisco de Asís. Me identifiqué con sus principios compasivos”. En los 70 se fue a los Estados Unidos y dice que nunca vivió la liberación del new age propia de la época. Más adelante, viajó a Nepal en 1994 y allí conoció a su maestro. “Llamó a varios que queríamos tomar votos monásticos. Sólo a tres nos dijo que sí”, recuerda Kundrol.
 También estuvo en Birmania, uno de los países más famosos por el vipasana, que es la meditación practicada a través de un voto estricto de silencio. “Me fui a un monasterio que tienen en el bosque, se practica la meditación caminando”, relata. Tras su experiencia espiritual en oriente, en el 2004, decide volver a la Argentina para realizar el proyecto del monasterio en su ciudad de origen, Mendoza.
 El proyecto, es para ella y sus alumnos un gran sueño que poco a poco y con la paciencia que se necesita para ser budista va tomando forma. “Lo veo factible, hay buena predisposición de hacerlo”, afirma Guillermo Grass compañero y amigo de la ciudad en la que ella nació. Kundrol, confía en que llegará la colaboración de la gente que se sienta identificada con la causa del budismo para realizar la edificación, y aún, espera el terreno que le prometió el Gobernador de Mendoza por medio de su secretario de turismo, Luís Eduardo Bohm, para poder empezar con el proyecto nuevamente y por el cual se vino decididamente desde Oriente.
 Antes de la redacción de Rock Superstar, Kundrol, además de ir a conciertos de rock para hacer sus reportajes, trabajaba en la disquera Music Hall. Ella escribía los comentarios de los discos para su empresa. “Era muy apasionante, uno podía expresarse, oír música, la energía que había uno podía manifestarla en palabras y conocer gente muy reconocida. En esa época los veía como seres especiales porque la música es un arte”, define. En su labor como periodista de rock, entrevistó a personajes como Piazzolla, o hablaba de la vanguardia musical en Nueva York y confesó tímidamente: “cuando era joven no escribía muy bien, pero no importa”.
Dice que la forma de unir al budismo con la música es a través del sentimiento. “Hay una relación de la espiritualidad con el arte” explica y, como la música, los mantras son vibraciones. A  Argentina dice, le regalaría el mantra o canto de la compasión om mani padme hum, que significa: “el poder de lograr la gran compasión para el beneficio de todos los seres”, cuenta Kundrol sonriente.

La monje budista pionera del periodismo de rock #perfil

 Una confesión en el tercer encuentro en un café. En un principio las conversaciones eran sobre espiritualidad, tras la revelación, ahora también las palabras vibrarían con un toque de rock and roll.

 Susana Contreras o Thubten Kundrol como se llama espiritualmente y que en tibetano significa: la capacidad de ayudar a otros mediante las enseñanzas de Buda. Es pionera del periodismo de rock en la Argentina, además de ser la única monje budista en el país del linaje espiritual al que pertenece el Dalai Lama.

 “Hay que dejar los zapatos en la entrada”, advierte César, uno de sus estudiantes y discípulos. Cantos tibetanos ambientan la sala de meditación. En frente a una de las paredes hay una mesa principal donde descansa una estatuilla dorada de un buda. “Buda es el iluminado”, explica Kundrol con un leve tono foráneo.

 Los estudiantes ocupan la sala sentados sobre delicados cojines dispuestos sobre el piso. Kundrol, siempre con una sonrisa, se sitúa frente a ellos. Lleva puesta una túnica de color violeta, unas cuentas tibetanas y como la mayoría de las monjas budistas como símbolo de renuncia, no lleva el pelo largo. De hecho, su cabeza es totalmente rapada. “Algunos presienten que tengo algo de oriente, me respetan, escuchan los pocos consejos que les puedo dar… en la calle pueden haber agresiones, lo que me molesta, porque preferiría andar vestida de monja que es lo que me gusta. Sino, pueden decir que soy lesbiana o enferma de cáncer”, su look, explica, es una forma de mostrar que renunció a una vida laica.

 Saca unos fascículos de Rock Superstar. Hace las cuentas y asegura que entró a trabajar en la revista desde enero del 78. La mayoría de los volúmenes están deteriorados después de una inundación que sufrió en su casa. En las páginas de la sexta edición de mayo del mismo año, hay un artículo de León Giéco firmado por ella sobre su gira por Latinoamérica. Así por cada número leído, hay cada vez más firmas que la señalan como una de las pioneras en el periodismo de Rock.

 Ser monja es renunciar a la familia y la cual, por motivos personales, prefiere no hablar del tema. Lo omite con la discreción que brinda el silencio y que obtuvo a través de los años con la práctica budista. Ser monja también, es dejar a un lado los romances, la búsqueda de poder y la ambición. Pero asevera no tener el problema de la satisfacción de los sentidos y eso le crea felicidad porque no tiene que estar pendiente de ellos, dice sentirse libre.

 Tras tres largos om y los ojos abiertos, los estudiantes se disponen a hacer un mudra o postura con las manos, ellos van formando paso a paso una flor de loto que, algunos con dificultad, la van dejando reposar sobre su estomago, mientras Tiki el gato de la maestra ronronea y se pasea por la sala. Tiki fue un regalo, también fue su única compañía cuando se encontraba sola en Mendoza tratando de cumplir el sueño que la habría traído de vuelta a occidente; un monasterio budista de meditación, y que, por el robo de los materiales que dejó mientras hacía un viaje a Buenos Aires, le ha tocado nuevamente empezar desde la nada. “Estoy en cero”, afirma Kundrol o Ven, como la llaman cariñosamente quienes la conocen.

 Por ahora además del monasterio que anhela construir en el interior y el manejo de su centro de meditación en Capital, también desea traer nuevamente las reliquias -con más de 2500 años de antigüedad- del primer iluminado o Buda para el 2011 a Buenos Aires, y que ya han residido también en otras ciudades de América Latina como Bogotá o Santiago de Chile. “También se podría interpretar que en el universo no hay casualidades, todo sucede por algo. Quizás es una oportunidad para nosotros participar en la formación de los proyectos. A veces se pierde la idea de resolver cuestiones prácticas, pero Kundrol siempre hace un auto análisis y genera una revolución en su interior para ponerse a la altura de las circunstancias”, explica César, uno de sus alumnos que practica el budismo hace cinco meses con ella.

 Desde niña, tuvo una aspiración muy grande de ser religiosa. “Encontré una hoja de una monja francesa en el piso y eso me identificó un poco, no encontré en Argentina el budismo pero si la vida de San Francisco de Asís. Me identifiqué con sus principios compasivos”. En los 70 se fue a los Estados Unidos y dice que nunca vivió la liberación del new age propia de la época. Más adelante, viajó a Nepal en 1994 y allí conoció a su maestro. “Llamó a varios que queríamos tomar votos monásticos. Sólo a tres nos dijo que sí”, recuerda Kundrol.

 También estuvo en Birmania, uno de los países más famosos por el vipasana, que es la meditación practicada a través de un voto estricto de silencio. “Me fui a un monasterio que tienen en el bosque, se practica la meditación caminando”, relata. Tras su experiencia espiritual en oriente, en el 2004, decide volver a la Argentina para realizar el proyecto del monasterio en su ciudad de origen, Mendoza.

 El proyecto, es para ella y sus alumnos un gran sueño que poco a poco y con la paciencia que se necesita para ser budista va tomando forma. “Lo veo factible, hay buena predisposición de hacerlo”, afirma Guillermo Grass compañero y amigo de la ciudad en la que ella nació. Kundrol, confía en que llegará la colaboración de la gente que se sienta identificada con la causa del budismo para realizar la edificación, y aún, espera el terreno que le prometió el Gobernador de Mendoza por medio de su secretario de turismo, Luís Eduardo Bohm, para poder empezar con el proyecto nuevamente y por el cual se vino decididamente desde Oriente.

 Antes de la redacción de Rock Superstar, Kundrol, además de ir a conciertos de rock para hacer sus reportajes, trabajaba en la disquera Music Hall. Ella escribía los comentarios de los discos para su empresa. “Era muy apasionante, uno podía expresarse, oír música, la energía que había uno podía manifestarla en palabras y conocer gente muy reconocida. En esa época los veía como seres especiales porque la música es un arte”, define. En su labor como periodista de rock, entrevistó a personajes como Piazzolla, o hablaba de la vanguardia musical en Nueva York y confesó tímidamente: “cuando era joven no escribía muy bien, pero no importa”.

Dice que la forma de unir al budismo con la música es a través del sentimiento. “Hay una relación de la espiritualidad con el arte” explica y, como la música, los mantras son vibraciones. A  Argentina dice, le regalaría el mantra o canto de la compasión om mani padme hum, que significa: “el poder de lograr la gran compasión para el beneficio de todos los seres”, cuenta Kundrol sonriente.

Alicia sonriente en el esplendor de su carrera como cantante.
TODOS ME DECÍAN: “¡CHE! ¿NO TE ARRUINÁS LAS MANOS?”. Y YO LES RESPONDÍA: “NO, SINO LAS USO”
Especial: Agosto mes de la radiodifusión en la Argentina.
 




Al subir al auto, en el asiento del acompáñate estaba Alicia Ardel. Por su tono de voz y por su pelo blanco, el cual era la única parte del cuerpo que podía ver desde atrás, de seguro que tendría más de 80 años. Nos dirigíamos hacía un café tranquilo en el cual pudiésemos tener una conversación, pero mientras llegábamos al lugar, una estampida letárgica de automóviles consumía el tiempo que teníamos destinados para la entrevista. A Alicia le preocupaba el tráfico de la ciudad, se quejaba constantemente y me preguntaba que cómo era en mi país. “Peor”, le dije. Ella no lo creyó e insistió que el de Buenos Aires era más grave y que cuando era niña esto no pasaba. Sentí que ella trataba de realizar una disculpa apoyada por el recuerdo de su infancia y por la sensación de un pasado mejor.
En un momento, el silencio se concentró en el interior aunque sonara pasito la radio. Yo quería empezar a hacer la entrevista, pero se me hacía prematuro. Sabía que la música para Alicia era como los libros para Borges. También sabía que fue la esposa de Enrique Susini y que junto a él, además de la radio, habían aportado enormemente al teatro, la opera y la televisión. Pero mi poco saber no podía ser completado por algunas averiguaciones inconclusas o por lo que aparece vagamente en el internet. Yo quería que ella me contara su historia.
Al llegar al MALBA, le ayudé a bajar y tuvimos nuestro primer contacto visual. Antes nuestra comunicación estaba mediada por las palabras que sostuvimos en el interior del auto. El café estaba lleno, y la señora que se veía cansada pero con una de las miradas más dulces que he visto, aceptó a ir junto con su sobrino a otro café cercano. Ahí nos disponíamos a empezar mientras el camarero se acercó a tomar la orden.
 
- “¿Café y medialunas?”
- “Que más puedo pedir”, dijo Alicia.
Tras la retirada del camarero, iniciamos nuestra conversación:
-¿Cómo empezó su carrera como cantante?
-Eso fue ya en la última escala de mi carrera musical. Cantar me gustó siempre desde que nací, ya de chica empecé a estudiar el piano.
-¿Usted tenía piano en su casa?
-No, yo iba a la casa de la profesora. Por suerte vivía relativamente cerca, e iba con mi hermana que era mayor, porque yo era bastante chica y andar sola y cruzar las calles… es cierto que en aquella época había muy poco tráfico ¿no? No es como ahora, las calles tenían un auto por día cuando yo tenía esa edad (entre risas). 
-¿A que edad entonces le dieron su primer piano?
-El piano me lo habrán comprado a los 11 o 12 años, pero yo desde los 9 estaba estudiando en Tigre.  En esa época no hay los autos que hay ahora, podíamos ir las dos nenas caminando. Nos quedaba derecho, no había tráfico, pasaban dos o tres autos por día.
-¿Después de su adolescencia cómo se empieza a afianzar su carrera musical?
- El profesor era un músico de orquesta y no tenía mucho tiempo, entonces encontré  otro mucho más cerca de mi casa, que no era de piano realmente y seguía dando los exámenes en el conservatorio Gaito de Buenos Aires. Era uno de los grandes conservatorios que los manejaba el maestro Gaito y la esposa. 
-¿Cómo entró al conservatorio?
-La profesora de Faramía me debió haber dicho -por piano-, di el examen y entré al Conservatorio Nacional, pero empecé con una profesora particular a cantar. 
-Y le quedó el gusto por el canto.
-¡Claro!  Fue muy lindo. Cómo sabía música de las escuelas primarias me conocían porque yo hacía festivales, cantaba y me llamaban para las fiestitas de fin de año… para el 25 de mayo “Alicia nos venís a preparar el corito”, me decían. Ahí  yo preparaba los coritos de 2 o 3 escuelas primarias de Tigre. Entonces estaba cada vez más metida en el asunto de la música y empecé a dar clases recién me recibí del Gaito.
-¿Se graduó del Gaito y cómo es que entró al Conservatorio Nacional?
-La misma profesora del Gaito me decía: “Vos tenés demasiado talento, no lo desperdicies. No estudiés en la esquina de tu casa, andá al Nacional”. -Bueno está bien, me tardé un poquito, al final di los exámenes y entré.  Ellos mismos se dieron cuenta que yo tenía capacidad para seguir la carrera,  entonces me mandaron inclusive con recomendaciones. 
-¿Cómo se sintió? Ya que usted venía de una escuela pequeña.
- Ahí empecé a estudiar canto en serio.  Me sentía muy cómoda, la daban de una manera individual. Tenía el profesor dedicado a uno mismo.
-¿A Enrique Susini lo tenía cómo profesor?
-Como profesor de foniatría. Empezó con foniatría y de foniatría a canto. 
-¿Ahí empezó su relación sentimental?
-No, bueno en ese momento era más chica, pero como después seguí con él  y él era también director de teatro, operetas y cosas musicales y lógicamente yo ya estaba estudiando canto, ya era más grande entonces. Empecé cuando él hacia alguna obra, que sé yo, me llamaba también para trabajar por supuesto, me daba papeles como cantante.
  -¿A que edad empezó a trabajar con él?
-Tendría 15 o 16. Empecé con Enrique en cosas de conciertos, después más adelante vino el teatro.
-¿Y cómo fue la experiencia en el teatro?
-En mi casa juntaba a mis alumnitas y hacía comedias y hacía cosas. Tenía ya la disposición para eso. 
-¿En que obras participó? 
-Participé en varias.
-¿Las más resaltantes? 
-Viejo Patio Porteño, Canción de Primavera, El Conde de Luxemburgo, La Viuda Alegre, El país de las Sonrisas, La Geisha. Todo comedia musical, estudié un poquito de baile, un poco de todo porque para eso se necesita.
-¿Y el señor Susini?
-Él dirigía.
-¿Todas esas obras?
-Sí casi todas, productor y director.
-De los 18 a los 25 tuvo una época muy prolífica, en ese momento ¿cómo era la relación con Enrique Susini?
-Y bueno el era el director, hacia espectáculos, presentaba espectáculos
-¿Y sentimentalmente?
-Yo empecé con él en uno de sus espectáculos, Mi Viejo Patio Porteño. Yo era alumna del Conservatorio Nacional cuando empecé con Enrique. Y luego él hizo el teatro, que fue El teatro Ariel, un teátrico precioso.
-¿Era de él?
-Sí sí, lo hizo hacer él. Hoy tiene otro nombre no me acuerdo,  era en la calle Esmeralda a paso de Corrientes.
-¿Pero sentimentalmente? ¿Cuándo la invita a realizar unos viaje a Europa y por los Estados Unidos?
-No me acuerdo.
-¿Entonces cuándo pasó de ser Alumna a compañera sentimental?
-Se suponía que era alumna, ¡ah! Que mal pensado (entre risas).
-¿Cómo recuerda los viajes a Estados Unidos y a Europa?
-Cuando fui a Estados Unidos teníamos una relación bastante cercana, pero todavía no teníamos una relación y ya de vuelta me relacioné.
-En Estados Unidos se entrevistó con Lily Pons…
-Sí, digamos el tenía interés. Había viajado por eso, para traerlos a Buenos Aires al Teatro Colón.
-¿Lo consiguieron?
-Sí, vinieron a Buenos Aires, hicieron unos cuantos conciertos con mucho éxito en una audición de radio -que todavía había audición de calidad en la radio-, en Radio Belgrano. Muy bien.
-Me contaron que vio la colección de mates de Lily Pons
-Sí, estuve en la casa, coleccionaba mates (entre risas). Me divertí allá en Nueva York al estar viendo una colección de mates.
-¿Qué impresión le quedó de los viajes?
-Fantástico, porque conocí a tanta gente, gente que yo sólo había leído en las revistas y en los diarios y nada más. Me las presentaban y me invitaban a comer o a tomar el té, que sé yo. Yo estaba en la gloria prácticamente, una época lindísima para mí, justo en lo mejor de mi carrera en lo más importante de enseñar piano y enseñar canto.
-¿Hizo alguna obra en Europa o en Nueva York?
-Si hice. Conciertos individualmente como cantante, canciones liricas.
-¿Cómo le fue?
-Bien, porque de pronto llamaba la atención porque cantaba en castellano. Muy lindo.
-¿Dónde se presentó?
-No me acuerdo,  porque yo lógicamente todavía no manejaba el idioma.
-¿Cuándo volvió a Buenos Aires cómo la recibieron?
-Ahí está la cosa. Ahí estuvo bien también sobre todo la radio, Radio Belgrano ¡en ese momento…tuve dos discos con RCA Víctor!
-¿Cómo le fue con sus discos?
-Bien bien, era una cosa nueva la que se hacía… español y opereta, como de eso no había  enseguida toda la primera camada de discos que salió -salió bárbaro- se agotó todo. Luego, empezó el jazz y todo eso y las compañías que grababan querían lo moderno ¡opereta al diablo!
-¿Cómo se sintió ante eso?
-Eso es lo normal,  porque todo envejece además de uno. Ya lo hice,  ya fue. Yo ya me dedique a profesora de canto en el Conservatorio Nacional de música y me dediqué más a la enseñanza y bueno teniendo un puesto de esos no podía andar por los escenarios, no quedaba bien. Ya me habían visto, muy lindo que me recordaran, pero ya basta, ya estaba de profesora.
-¿Cómo recuerda la imagen de su esposo?
Un tipo fantástico, un tipo inteligente; hablaba 5 idiomas, todo era fácil para él; en química ni hablemos, como médico; era un químico bárbaro. Y la cultura de él era inacabable ¡inacabable! No importa lo que fuera, él lo sabía y en cualquier idioma. Yo que soy jovencita no me acuerdo ni la quinta parte de lo que se acuerda él, era normal eso para él.
-¿Algo en lo que Enrique no fuese bueno?
-Yo no se lo conocí, era bueno en todo, hasta en la cocina.
-¿Cómo fueron sus últimos momentos? ¿Qué hacía?
-Seguía en lo mismo, se enteraba de todo, hablaba con todos, hacia cenas, invitaba a las personas más importantes generalmente de la música, de la política, de la radio,  porque prácticamente la radio en Buenos Aires la fabrico él.
-¿El fue director de fotografía del canal 7?
-Director artístico, el me hizo cantar para el número inaugural, canté yo una obra en la inauguración. Era una orquesta, todo en vivo.
-¿Como se sintió con el cambio? 
-No tanto la cámara como el micrófono. La radio me mataba, era lo más sonso, parada delante del micrófono. Eso no me gustaba.
-¿Le gustaban las cámaras?
-La televisión sí, la tomaba como teatro, en cambio la radio ¡ahí no!
-¿Cómo describiría su vida?
Una vida normal, estudiando, siempre tuve ese vicio en la casa. Me casé con Enrique, tocar el piano, cantar, recibir visitas. Porque él no me dejaba hacer nada, ni entrar a la cocina. Yo creo que no sabía donde quedaba. Todos me decían: “¡Che! ¿No te arruinás las manos?”. Y yo les respondía: “No, sí no las uso”.

Alicia sonriente en el esplendor de su carrera como cantante.

TODOS ME DECÍAN: “¡CHE! ¿NO TE ARRUINÁS LAS MANOS?”. Y YO LES RESPONDÍA: “NO, SINO LAS USO”

Especial: Agosto mes de la radiodifusión en la Argentina.

Al subir al auto, en el asiento del acompáñate estaba Alicia Ardel. Por su tono de voz y por su pelo blanco, el cual era la única parte del cuerpo que podía ver desde atrás, de seguro que tendría más de 80 años. Nos dirigíamos hacía un café tranquilo en el cual pudiésemos tener una conversación, pero mientras llegábamos al lugar, una estampida letárgica de automóviles consumía el tiempo que teníamos destinados para la entrevista. A Alicia le preocupaba el tráfico de la ciudad, se quejaba constantemente y me preguntaba que cómo era en mi país. “Peor”, le dije. Ella no lo creyó e insistió que el de Buenos Aires era más grave y que cuando era niña esto no pasaba. Sentí que ella trataba de realizar una disculpa apoyada por el recuerdo de su infancia y por la sensación de un pasado mejor.

En un momento, el silencio se concentró en el interior aunque sonara pasito la radio. Yo quería empezar a hacer la entrevista, pero se me hacía prematuro. Sabía que la música para Alicia era como los libros para Borges. También sabía que fue la esposa de Enrique Susini y que junto a él, además de la radio, habían aportado enormemente al teatro, la opera y la televisión. Pero mi poco saber no podía ser completado por algunas averiguaciones inconclusas o por lo que aparece vagamente en el internet. Yo quería que ella me contara su historia.

Al llegar al MALBA, le ayudé a bajar y tuvimos nuestro primer contacto visual. Antes nuestra comunicación estaba mediada por las palabras que sostuvimos en el interior del auto. El café estaba lleno, y la señora que se veía cansada pero con una de las miradas más dulces que he visto, aceptó a ir junto con su sobrino a otro café cercano. Ahí nos disponíamos a empezar mientras el camarero se acercó a tomar la orden.

- “¿Café y medialunas?”

- “Que más puedo pedir”, dijo Alicia.

Tras la retirada del camarero, iniciamos nuestra conversación:

-¿Cómo empezó su carrera como cantante?

-Eso fue ya en la última escala de mi carrera musical. Cantar me gustó siempre desde que nací, ya de chica empecé a estudiar el piano.

-¿Usted tenía piano en su casa?

-No, yo iba a la casa de la profesora. Por suerte vivía relativamente cerca, e iba con mi hermana que era mayor, porque yo era bastante chica y andar sola y cruzar las calles… es cierto que en aquella época había muy poco tráfico ¿no? No es como ahora, las calles tenían un auto por día cuando yo tenía esa edad (entre risas).

-¿A que edad entonces le dieron su primer piano?

-El piano me lo habrán comprado a los 11 o 12 años, pero yo desde los 9 estaba estudiando en Tigre.  En esa época no hay los autos que hay ahora, podíamos ir las dos nenas caminando. Nos quedaba derecho, no había tráfico, pasaban dos o tres autos por día.

-¿Después de su adolescencia cómo se empieza a afianzar su carrera musical?

- El profesor era un músico de orquesta y no tenía mucho tiempo, entonces encontré  otro mucho más cerca de mi casa, que no era de piano realmente y seguía dando los exámenes en el conservatorio Gaito de Buenos Aires. Era uno de los grandes conservatorios que los manejaba el maestro Gaito y la esposa.

-¿Cómo entró al conservatorio?

-La profesora de Faramía me debió haber dicho -por piano-, di el examen y entré al Conservatorio Nacional, pero empecé con una profesora particular a cantar.

-Y le quedó el gusto por el canto.

-¡Claro!  Fue muy lindo. Cómo sabía música de las escuelas primarias me conocían porque yo hacía festivales, cantaba y me llamaban para las fiestitas de fin de año… para el 25 de mayo “Alicia nos venís a preparar el corito”, me decían. Ahí  yo preparaba los coritos de 2 o 3 escuelas primarias de Tigre. Entonces estaba cada vez más metida en el asunto de la música y empecé a dar clases recién me recibí del Gaito.

-¿Se graduó del Gaito y cómo es que entró al Conservatorio Nacional?

-La misma profesora del Gaito me decía: “Vos tenés demasiado talento, no lo desperdicies. No estudiés en la esquina de tu casa, andá al Nacional”. -Bueno está bien, me tardé un poquito, al final di los exámenes y entré.  Ellos mismos se dieron cuenta que yo tenía capacidad para seguir la carrera,  entonces me mandaron inclusive con recomendaciones.

-¿Cómo se sintió? Ya que usted venía de una escuela pequeña.

- Ahí empecé a estudiar canto en serio.  Me sentía muy cómoda, la daban de una manera individual. Tenía el profesor dedicado a uno mismo.

-¿A Enrique Susini lo tenía cómo profesor?

-Como profesor de foniatría. Empezó con foniatría y de foniatría a canto.

-¿Ahí empezó su relación sentimental?

-No, bueno en ese momento era más chica, pero como después seguí con él  y él era también director de teatro, operetas y cosas musicales y lógicamente yo ya estaba estudiando canto, ya era más grande entonces. Empecé cuando él hacia alguna obra, que sé yo, me llamaba también para trabajar por supuesto, me daba papeles como cantante.

  -¿A que edad empezó a trabajar con él?

-Tendría 15 o 16. Empecé con Enrique en cosas de conciertos, después más adelante vino el teatro.

-¿Y cómo fue la experiencia en el teatro?

-En mi casa juntaba a mis alumnitas y hacía comedias y hacía cosas. Tenía ya la disposición para eso. 

-¿En que obras participó?

-Participé en varias.

-¿Las más resaltantes?

-Viejo Patio Porteño, Canción de Primavera, El Conde de Luxemburgo, La Viuda Alegre, El país de las Sonrisas, La Geisha. Todo comedia musical, estudié un poquito de baile, un poco de todo porque para eso se necesita.

-¿Y el señor Susini?

-Él dirigía.

-¿Todas esas obras?

-Sí casi todas, productor y director.

-De los 18 a los 25 tuvo una época muy prolífica, en ese momento ¿cómo era la relación con Enrique Susini?

-Y bueno el era el director, hacia espectáculos, presentaba espectáculos

-¿Y sentimentalmente?

-Yo empecé con él en uno de sus espectáculos, Mi Viejo Patio Porteño. Yo era alumna del Conservatorio Nacional cuando empecé con Enrique. Y luego él hizo el teatro, que fue El teatro Ariel, un teátrico precioso.

-¿Era de él?

-Sí sí, lo hizo hacer él. Hoy tiene otro nombre no me acuerdo,  era en la calle Esmeralda a paso de Corrientes.

-¿Pero sentimentalmente? ¿Cuándo la invita a realizar unos viaje a Europa y por los Estados Unidos?

-No me acuerdo.

-¿Entonces cuándo pasó de ser Alumna a compañera sentimental?

-Se suponía que era alumna, ¡ah! Que mal pensado (entre risas).

-¿Cómo recuerda los viajes a Estados Unidos y a Europa?

-Cuando fui a Estados Unidos teníamos una relación bastante cercana, pero todavía no teníamos una relación y ya de vuelta me relacioné.

-En Estados Unidos se entrevistó con Lily Pons…

-Sí, digamos el tenía interés. Había viajado por eso, para traerlos a Buenos Aires al Teatro Colón.

-¿Lo consiguieron?

-Sí, vinieron a Buenos Aires, hicieron unos cuantos conciertos con mucho éxito en una audición de radio -que todavía había audición de calidad en la radio-, en Radio Belgrano. Muy bien.

-Me contaron que vio la colección de mates de Lily Pons

-Sí, estuve en la casa, coleccionaba mates (entre risas). Me divertí allá en Nueva York al estar viendo una colección de mates.

-¿Qué impresión le quedó de los viajes?

-Fantástico, porque conocí a tanta gente, gente que yo sólo había leído en las revistas y en los diarios y nada más. Me las presentaban y me invitaban a comer o a tomar el té, que sé yo. Yo estaba en la gloria prácticamente, una época lindísima para mí, justo en lo mejor de mi carrera en lo más importante de enseñar piano y enseñar canto.

-¿Hizo alguna obra en Europa o en Nueva York?

-Si hice. Conciertos individualmente como cantante, canciones liricas.

-¿Cómo le fue?

-Bien, porque de pronto llamaba la atención porque cantaba en castellano. Muy lindo.

-¿Dónde se presentó?

-No me acuerdo,  porque yo lógicamente todavía no manejaba el idioma.

-¿Cuándo volvió a Buenos Aires cómo la recibieron?

-Ahí está la cosa. Ahí estuvo bien también sobre todo la radio, Radio Belgrano ¡en ese momento…tuve dos discos con RCA Víctor!

-¿Cómo le fue con sus discos?

-Bien bien, era una cosa nueva la que se hacía… español y opereta, como de eso no había  enseguida toda la primera camada de discos que salió -salió bárbaro- se agotó todo. Luego, empezó el jazz y todo eso y las compañías que grababan querían lo moderno ¡opereta al diablo!

-¿Cómo se sintió ante eso?

-Eso es lo normal,  porque todo envejece además de uno. Ya lo hice,  ya fue. Yo ya me dedique a profesora de canto en el Conservatorio Nacional de música y me dediqué más a la enseñanza y bueno teniendo un puesto de esos no podía andar por los escenarios, no quedaba bien. Ya me habían visto, muy lindo que me recordaran, pero ya basta, ya estaba de profesora.

-¿Cómo recuerda la imagen de su esposo?

Un tipo fantástico, un tipo inteligente; hablaba 5 idiomas, todo era fácil para él; en química ni hablemos, como médico; era un químico bárbaro. Y la cultura de él era inacabable ¡inacabable! No importa lo que fuera, él lo sabía y en cualquier idioma. Yo que soy jovencita no me acuerdo ni la quinta parte de lo que se acuerda él, era normal eso para él.

-¿Algo en lo que Enrique no fuese bueno?

-Yo no se lo conocí, era bueno en todo, hasta en la cocina.

-¿Cómo fueron sus últimos momentos? ¿Qué hacía?

-Seguía en lo mismo, se enteraba de todo, hablaba con todos, hacia cenas, invitaba a las personas más importantes generalmente de la música, de la política, de la radio,  porque prácticamente la radio en Buenos Aires la fabrico él.

-¿El fue director de fotografía del canal 7?

-Director artístico, el me hizo cantar para el número inaugural, canté yo una obra en la inauguración. Era una orquesta, todo en vivo.

-¿Como se sintió con el cambio?

-No tanto la cámara como el micrófono. La radio me mataba, era lo más sonso, parada delante del micrófono. Eso no me gustaba.

-¿Le gustaban las cámaras?

-La televisión sí, la tomaba como teatro, en cambio la radio ¡ahí no!

-¿Cómo describiría su vida?

Una vida normal, estudiando, siempre tuve ese vicio en la casa. Me casé con Enrique, tocar el piano, cantar, recibir visitas. Porque él no me dejaba hacer nada, ni entrar a la cocina. Yo creo que no sabía donde quedaba. Todos me decían: “¡Che! ¿No te arruinás las manos?”. Y yo les respondía: “No, sí no las uso”.


Miss Bolivia

Paz Ferreira se llama Miss Bolivia por dos razones: Bolivia, por la relación que tiene con la tierra y por la admiración que siente hacia las cholas “me parecen unas warrior”, explica en un café de Buenos Aires; mientras que el Miss “es más yankie, yo vengo de lo yankie como el rap y de Bolivia que es más trash”.

En uno de sus conciertos es impresionante ver el salto que da entre las palabras de una tranquila conversación, a el vibrante toque en el escenario. En el concierto, Misbo, como le llaman algunos de sus amigos, imprimió toda la fuerza, las ganas y el sabor del cual se es testigo por youtube con canciones como: “Jalame la tanga” y “Apágalo”.

“Apágalo, Apágalo. Apaga tu mente encendé el corazón”, resuena el coro del track.

Según Miss Bolivia, la promiscuidad en su música es producida por una inclusión de géneros como: dance hall, reggae, cumbia, rap, reggaetón, dubstep y elementos autóctonos que la llevaron a componer canciones como ésta. “La mente toma todo el ser, ponele pausa, tal vez se escucha un pájaro que está -es metafórico pero bien concreto- apagar la fisura para ver que sale del sentimiento”, afirma mientras se toma una cerveza negra.

Just wanna have fun
Como las chicas, en la India tambien se quieren divertir. Aprovechan los  Himalayas para practicar sus destrezas en el ski.
Nosotros hicimos una rata de nieve.

Just wanna have fun

Como las chicas, en la India tambien se quieren divertir. Aprovechan los Himalayas para practicar sus destrezas en el ski.

Nosotros hicimos una rata de nieve.

Colonia, Uruguay

“Hay un hoyo”

Es un perro atado a un lazo, atado a un auto vacio en la orilla del mar.

Colonia, Uruguay

“Hay un hoyo”

Es un perro atado a un lazo, atado a un auto vacio en la orilla del mar.

La última Coca-Cola del desierto
Desde ese momento pensé: sí pasa en la publicidad, pasa en la vida real. El señor vende Coca-Cola en la mitad de un desierto entre India y Pakistán.
La vende fria, muy fria. “Los marquetineros lo hacen tan bien,  que rica es la Coca-Cola, haga las cagadas que haga”, pensé en ese momento. Cualquier reflexión sobre el abuso de la industria era liberado por un aaaaaaah!

La última Coca-Cola del desierto

Desde ese momento pensé: sí pasa en la publicidad, pasa en la vida real. El señor vende Coca-Cola en la mitad de un desierto entre India y Pakistán.

La vende fria, muy fria. “Los marquetineros lo hacen tan bien,  que rica es la Coca-Cola, haga las cagadas que haga”, pensé en ese momento. Cualquier reflexión sobre el abuso de la industria era liberado por un aaaaaaah!

Ventana cerrada/ de plan voyero y otros tiempos libres
Ese día en Rosario, visité Acciones Rosarinas: una muestra de fotografía y registro de performance sobre problemáticas de la región.

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Ese día en Rosario, visité Acciones Rosarinas: una muestra de fotografía y registro de performance sobre problemáticas de la región.

Inspirado por Megabax, por Una y por Chapinero.

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